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La Desaparición de Haruhi Suzumiya – El inconformismo y el mundo ajeno

«Era una mañana tan fría que si hubiera clavado en la Tierra un picador de hielo, ésta se habría partido por la mitad.» Esta es la frase que da entrada tanto a la cuarta novela como a la película de Haruhi Suzumiya, La Desaparición de Haruhi Suzumiya. Solo esta cita, dentro del contexto de la obra animada, representa el respeto de Tatsuya  y Takemoto hacia la obra de Nagaru Tanigawa. Es un detalle pequeño y con una relevancia, quizás, menor de la que me gustaría, pero si es un elemento que se repite a lo largo de la obra y ofrece una profundidad aún mayor a la obra.

Pero, volvamos al inicio, a esa cita. Si habéis leído a Tanigawa antes sabréis, probablemente, que es su propia marca. Es un inicio a fuego lento, pausado y con una importancia tan mínima que solo sirve para marcar la fecha en la que nos encontramos — pese a que la obra en cuestión repetirá una y otra vez que se encuentran a dieciséis de diciembre. Pero sirve para marcar las pautas de la misma, de una obra de compases lentos y pausados, que se centra antes —como deja ver su propio inicio— en los momentos casuales del día a día que en los especiales, los que, quizás, trataría cualquier otro tipo de obra.

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Es algo que ya hacía en La Melancolía de Haruhi Suzumiya, donde ponía en juego a cuatro personajes con poderes especiales viviendo una vida completamente normal. Hablamos de una suerte de ser divino, que a falta de conocer sus poderes, busca siempre el establecer contacto con lo sobrenatural, con lo especial, huyendo de la conformidad de la vida corriente. Pero a ella, a Suzumiya, se suman una viajera del tiempo, una entidad extraterrestre y un joven con poderes paranormales. Pero lo importante, y donde la obra se desmarca de cualquier shonen al uso, es que su visión no se centra en ello, sino en como sus personajes se enfrentan a lo rutinario. Es precisamente por eso que Kyon, la única persona realmente corriente de la Brigada SOS es el protagonista.

Y es por esto mismo, por el tono de la obra, que La Desaparición de Haruhi Suzumiya se convierte en una fuerza arrolladora. Esta trata una realidad alternativa, la de un mundo sin Haruhi — sin locuras. Los actores cambian papeles, adoptando el de simples humanos, personas corrientes, con preocupaciones cotidianas. Esto desemboca en una evolución de personajes impresionante, donde todos y cada uno de los antiguos miembros de la Brigada se ven forzados a adaptar su nuevo papel.

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Pero el punto fuerte, como no podría ser de otra forma, recae en Kyon, en como se debate entre las locuras de Haruhi y el mundo real. En como se ve atrapado por la conformidad, por la comodidad de vivir una vida tranquila. Con esto juega Tanigawa una y otra vez, pero como no puedo pretendo hacer spoilers (de eso irá el siguiente texto), toca centrarse en el trabajo de su versión animada, de como esta adapta toda la intensidad de la obra.

Y es que si La Melancolía de Haruhi Suzumiya se encontraba compuesta de una paleta de colores vívida y cálida, su Desaparición parece adaptarse a tonos más fríos, más maduros. Y no solo lo demuestra en sus colores, sino en sus compases, en su lentitud, en como la imagen no se corta mientras los momentos del día a día se suceden, insistiendo una y otra vez en el mundo que rodea a Kyon y lo cotidiano del mismo. También lo demuestra en sus escenas, que empequeñecen constantemente al protagonista, representando un mundo vacío y falta de vida para realizar un acercamiento en los momentos de tensión, un acercamiento lejano, que mantiene las distancias entre personajes, escenificando el enorme agujero que se abre ahora ante ellos.

Con todo esto La Desaparición de Haruhi Suzumiya consigue representar a la perfección la sensación de sentirse vacío, desubicado, la sensación de no encontrar un lugar en este mundo, uno ajeno, que no va con nosotros. Es una obra cercana, que quiere hablar sobre nosotros, sobre un sentimiento propio; incluso sobre el amor, uno juvenil, inocente, pero vivo y esperanzador. Insisto, es una obra de tintes amargos, depresivos, pero con una capacidad innata para representar el mundo real.

Me gustaría decir mucho más, pero me estoy viniendo arriba y es hora de cerrar, lo que queda se comentará en un artículo sin spoilers, donde pueda hablar libremente. Y lo cierto es que cerrar algo así, con tal carga emocional, es complicado, por lo que solo os puedo decir que leáis La Desaparición de Haruhi Suzumiya, que veáis su adaptación, no os arrepentiréis.

 

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