Metaanálisis, Opinion

Horizon Zero Dawn – El tributo a La Princesa Mononoke

Hayao Miyazaki presentaba el año 1997 el film Mononoke Hime, conocido como La Princesa Mononoke en nuestras tierras. Su historia nos ponía en la piel de Ashitaka, un joven que, tras dar muerte a un dios corrompido (Tatarigami) acaba maldito y destinado a viajar hasta encontrar el origen del mal para poner fin a su maldición. Con esta premisa la película se convierte en una crítica a la humanidad, a su paso arrollador por la naturaleza e incluso a su esencia egoísta y destructiva.

Horizon Zero Dawn parte de una premisa totalmente diferente pero — aunque es una visión totalmente personal — siento que representa algunas temáticas similares a las de La Princesa Mononoke. No tanto por su trasfondo o por el papel del hombre, si no por la fuerza de Aloy, que casi representa una «Princesa Mononoke» renovada. Y es que tanto Aloy como San crecen como parias. Dos chicas huérfanas que se enfrentan a un destino cruel y a un vida de exclusión y soledad. El camino a recorrer es diferente y su meta final las dista más aún, pero lo importante no es tanto el final si no su desarrollo y evolución.

Los mundos que se plantean en ambas obras se centran en la destrucción de la tierra bajo las acciones de la humanidad. Ghibli lo plantea desde un punto más clásico, haciendo uso del folclore Sintoista y ambientando su obra en el Período Muromachi, mientras que en Guerrilla nos sitúan en un futuro post-apocalíptico cerca del año 3000; casi una milagrosa redención de una tierra que se vio devastada más de mil años atrás. Pese a ello las referencias parecen claras. En el primero nos encontramos un mundo agonizante a causa de los humanos que arrasan las montañas en busca de hierro, mientras que en el segundo se llega al punto de la extinción humana y, posteriormente, la desaparición de toda la vida en la tierra.

Tanto Aloy como San se ven obligadas a crecer en mundos similares, arrasados por la mano y el egoísmo del hombre. Privadas de figuras paterna y materna ambas aprenden a sobrevivir y luchar sufriendo las inclemencias de una vida dura y cruel. Ambas son heroínas casuales, que se ven envueltas en un destino que, por una u otra, les supera. Bien, luego Aloy habría resultado creada para ese mismo propósito pero es su fuerza y su templanza las que la llevan a cumplirla. Cuenta con la ayuda del foco, desde luego, pero siguen siendo su habilidad y persistencia las que le llevan a descubrir los secretos del pasado y acabar con la amenaza de los Eclipse.

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El viaje también resulta similar. Las dos «princesas» se enfrentan al resultado del hombre, a la corrupción del mundo. Los robots de Horizon representan lo que los Tatarigami de Mononoke, el resultado de la locura, de la destrucción de su mundo. De igual forma que el objetivo final de su misión, que conlleva el salvar a GAIA en el primero o al espíritu del bosque en el segundo. Incluso HADES, en Zero Dawn representa la peor faceta del hombre, ideado en exclusiva para extinguir toda la vida en el planeta sin ninguna piedad. No solo por su ambición, si no por la forma de llegar a ella, utilizando vida tras vida.

Es por esto, entre otras, que el viaje de Aloy resulta incluso más arduo que la batalla que libra San. Y es algo que la magnifica como personaje. La hija de los lobos no se consideraba a si misma humana e, incluso en el momento final, repudia su compañía y marcha al bosque. Pero Aloy busca durante todo el viaje la compañía de otros seres humanos. Es el afán por encontrar a su madre, quizás acrecentado por su condición como paria de los Nora, lo que la lleva a iniciar el viaje. Su fuerza y arrojo la convierten en una líder nata, primero al vencer la Prueba y luego en proezas como el primer ataque al bastión Eclipse o la defensa de la capital Carja.

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Tanto el viaje de una como la batalla de otra acaban con una victoria pírrica. Ellas ganan, pero a la vez todos pierden. Acaban con la corrupción y, de forma más o menos figurada, acaban con la maldición, cada una con la suya propia. Pero el mal ya ha sido hecho y en las dos obras se pierden cientos de vidas y se arrasan poblados enteros. Y, aunque se entiende que al final Aloy es reconocida por todos, ambas acaban de forma similar. San decide volver a su bosque, a su origen. Mientras que Aloy prosigue en la búsqueda de su madre, de Elisabet. De nuevo, ambas logran su cometido, pero hay un deje triste en él, como si su recompensa no fuese más que la simple calma. Y es que, al final, ambas pierden a sus respectivas madres.

Tanto La Princesa Mononoke como Horizon Zero Dawn hacen un trabajo excelente a la hora de retratar a la mujer luchadora. La engrandecen y demuestran que están a la altura de propósitos tan grandes como salvar el mundo; sin poderes, sin espadas sagradas, solo con su fuerza e ímpetu. De hecho John Gonzalez, guionista del título, afirmó haber utilizado a San como referencia a la hora de crear a Aloy. Y esto es algo importante para nuestro medio, que parece avanzar a paso de tortuga en cuanto a la visibilización del personaje femenino se refiere. Es importante ver que una obra que demostró la importancia del papel de la mujer hace ya 20 años aún puede enseñarnos e inspirar otras grandes historias.

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